El crimen de León: Montserrat o la obsesión y el trastorno delirante

Independientemente de que un sujeto sea consciente o no de sus actos es innegable la presencia de un desequilibrio o alteración psicológica. Según las psiquiatras forenses Montserrat es dominante, dogmática, manipuladora y con nula empatía.

Nada más lejos de la realidad. Estos adjetivos denotan un problema de conducta que iremos desgranando. Las obsesiones crean una ansiedad gigantesca, son incontrolables y egodistónicas, o sea, no producidas voluntariamente sino que invaden el pensamiento de forma incontrolada inundándola de pensamientos.

Hay un paso muy corto de la obsesión a la idea delirante o paranoia, conviviendo ésta en muchas neurosis obsesivo compulsivas sin llegar a ser esquizofrenia. Matar es malo. Son conscientes de ello, pero aquí no porque es en defensa propia.

juicio-carrasco--575x323Por eso las compulsiones o conductas repetitivas ahora se constituyen en un ritual mágico salvador, igual que en un exorcismo se expulsa al demonio y para ello hay que sacrificar a Isabel, para no perjudicar a las personas amadas. Y se diseña un plan con un fin futuro con una socia insegura emocionalmente, su hija.

En el trastorno delirante hay rasgos de personalidad muy claras de grandiosidad o megalomanía, como si se tratara de una deidad, del poder absoluto sobre todo y sobre todos. Hay un narcisismo patológico con raíz en baja o nula autoestima y ante una frustración fuerte sale a la luz.

El comienzo fue en Montserrat ese delirio celotípico creyendo que su ex marido sostenía una aventura o acaso relación con Carrasco, y en su imaginación como una especie de secuencia de una película recreaba la historia. En esta patología se atribuyen a otros las frustraciones propias no resueltas, inexplicables e inaceptables.

Triana no se podía quedar sin trabajo y de nuevo la culpable es Isabel Carrasco. Aquí surge la idea de manía persecutoria de ésta contra ella y su hija, y el plan de su muerte sería un acto de justicia que garantizaría que su hija no desapareciera. Es como la lucha en la batalla, la guerra. Unos se salvan y otros mueren. Y el que vive triunfa sobre el que muere.

Pilar Enjamio 

Psicóloga clínica