Imanol Arias, Ana Duato y la implacable pena de telediario

Pilar Enjamio

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Existe un grave error en la sociedad que es etiquetar a los individuos y a las sociedades y medir según distinto rasero cuando se trata de personajes públicos o famosos, distinguiéndolos de la gente normal de la calle.

No hay diferencia alguna. Se trata de personas, seres individuales que sufren como el resto y los adosados o sobrenombres carecen de lugar. Líbreme Dios de opinar de justicia a pesar de que en infinidad de ocasiones reconozco que es lo más injusto que existe.

Las causas y los porqués de las conductas y los comportamientos a veces pueden ser conscientes pero otras no, al depositar tu confianza en el bufete o entidad encargada de solucionar tus asuntos, desconociendo que esta despreocupación puede originar problemas o conflictos.

El aspecto de Ana Duato en la Audiencia, sin ápice de maquillaje, se interpretó como teatralidad, representando una vez más un papel cuya pretensión es la indefensión y la inspiración de pena.

Esta estúpida sociedad cuya fuerza es el gregarismo se convierte en juez sin serlo, en psicólogo sin tener idea de análisis de conductas y raíces de las mismas, de médico sin saber nada de clínica.

¿Acaso Ana Duato, desprendida de su etiqueta de actriz, no es susceptible de sufrir como el resto, y una preocupación o angustia le lleva a despreocuparse de su aspecto provocando apatía?

Cada persona sufre como sólo ella lo sabe, y nadie es igual a nadie, de ahí las individualidades. Somos seres únicos y las influencias contextuales o ambientales se experimentan en la propia piel de diversidad de maneras.

Es innegable la evidencia de que la presión mediática se convierte en juez sin pruebas ni diplomatura. RESPETO ha dicho Ana Duato, y ésa es la palabra clave para no llegar a un circo mediático. La crueldad hace que un personaje tremendamente admirado se convierta en sufridor de ignonimia y abandono por parte de una sociedad paradójicamente lapidaria que nada más ve la paja en el ojo ajeno.

Todos deberían examinar su vida y no la de los demás. Como humanos se cometen errores conscientemente o inconscientemente, pero existe el mejor de los caminos: rectificar.