Antonio Montiel: “la Reina Sofia tiene una personalidad magnética”

Con pilares realistas como los de Velázquez, Antonio Montiel se curtió en la escuela de artes de Málaga y allí empezó la carrera del que hoy está considerado uno de los grandes retratistas de España

El culto al arte aún pervive, a pesar de los adversos escenarios a los que tiene que hacer frente, todavía algunos con una pasión dominada por el pincel y los trazos completan  la geometría de este vasto mundo. La letanía de un lienzo en blanco es el relato habitual de ese bidimensional universo de las artes y aunque parezca poesía olvidada sigue habiendo almas feroces inmortalizando la historia.

Que la espuma blanca de las olas borre los garabatos que hay en la arena de la playa es una infancia común para muchos. Y Antonio Montiel no iba a ser diferente. Pero su inspiración llegaba cuando la ola rota le desafiaba anulando el rastro de su dibujo. “Me encantaba, me daba la sensación de que tenía que volver a construir”.

Los inicios de aquel joven inquieto tienen nombre y apellido. Pepa Flores, o más conocida como Marisol, esa chiquilla rubia y pizpireta que ha hecho historia en el cine español. “Mi madre trajo una revista del corazón en la que aparecía ella. Empecé a copiarla una y otra vez, con los años empecé a perfeccionarlo”.

La pintura, el arte, nada en un constante río de emociones. Al abrigo del pincel, se rastrea la belleza, encontrándola a veces en un simple rasgo o en una comisura arrugada por la sonrisa. La esencia de estas pinturas según Montiel es “captar el interior y navegar en la expresividad”.

“EL ARTE ESTÁ POR LOS SUELOS”

La diplomacia forma parte de su historia. La realeza también se ha hecho hueco en sus pinturas. Compartiendo brazo maestro se encuentran retratos de mujeres que de alguna forma marcaron el rumbo de España. Lina Morgan, Sara Montiel, Isabel Pantoja o la eterna Rocio Jurado. Siguiendo el hilo conductor, la Reina Sofía supuso para él un descubrimiento. Alejándola de cualquier tipo de narcisismo la recuerda como una mujer “enigmática” que combinaba a la perfección su “papel en la sociedad” y la cercanía.

Velázquez, como padre de la pintura antigua y moderna, ha sido una de las influencias del artista. Fue en un viaje a Madrid donde el intrépido Montiel descubrió la historia de Las meninas o La venus del espejo en el Museo del Prado y allí se enamoró de esos lienzos realistas que aún viven.

“MI GRAN MUSA ES PEPA FLORES”

Ese realismo que caracterizó a Velazquez con su Niño de Vallecas marcó una línea de trabajo en el pintor. Buscar lo bello en lo agrio es tarea de artista y así lo hizo Montiel. La pintura social. Siendo siervo del paisaje que penetraba en su retina, encontraba el encanto, en tono de ocasión, en “una anciana que vendía algodón dulce” o en el ambiente de la feria. Realizar este tipo de pinturas supuso una experiencia, “hoy en día los mendigos forman parte del paisaje” y esto es la trastienda de lo poético.

El arte, rectamente entendido está “casi por los suelos” según Montiel. Han migrado los maestros de la vieja escuela que enmendaban el rumbo del artista.  La agonía de las artes comenzó tras el sublime Barroco. Explotar proverbios de los antiguos ya no forma parte del sector. A pesar de esto, Montiel se posiciona  frente a la pintura desde “el compromiso y el estudio” pero al final surge la duda, ¿qué es ser artista? Ya lo dijo un actor, ser así y no poder ser de otra manera.

Diana Fernández

@diana_fedz