La peligrosa moda de amputar penes

Marisa Arcas

Esa manía ahora convertida en moda, de cortar pichas, que siempre ha estado latente en las feministas, la he entendido siempre como una manifestación inversa del culto al falo.

Todos hemos visto, alguna vez, directamente o por fotos, el gran monumento a Príapo. Y todos conocemos esa devoción íntima de la mujer ante un apéndice que a los hombres sólo les sirve para miccionar y poco más. La cuestión radica en ese “poco más”. Ante esa cosecha de falos segados, convendría desmitificar el falo, verga, picha, pene, polla… incluso en la reproducción, la función del falo es sólo vehicular.

Comprendo que las religiones femeninas, tan vigentes, arranquen los testículos al macho, porque son fuente de vida y de carácter, pero el falo no es más que un desperdicio mecánico, imparcial, inocente, neutral, que cumple su trabajo cuando puede. Que el marido es pegón, que el amante no cumple, que el panadero es sádico, y en este plan. Todos los machos merecen un castigo por algo. Pero ocurre que el pobre falo no es incumplidor ni sádico, sino que hace lo que puede. El falo sólo es, como en la saeta, “un clavito entre los dos”.

Queridas amigas, córtenle la cabeza a su marido, si es sadicoanal, que todo viene de la cabeza. Córtele usted los testículos a su amante, si la tiene, como decía Doña Juana Reina, moraíta de martirio. Pero dejen en paz al pobre pene, que no se mete en nada, que no es más que fontanería.

Ahora, la Policía china ha arrestado a una mujer por mutilar el miembro viril de su marido dos veces y arrojarlo por la ventana del hospital dónde estaba ingresado después de descubrir su infidelidad. Dicen que la víctima, padre de cinco hijos, utilizaba el móvil de su esposa para mandar mensajes eróticos a su amante. En un ataque de ira, la cornuda, cercenó con unas tijeras el órgano reproductor de su esposo mientras dormía. El infiel fue trasladado al hospital, donde los médicos le sometieron a una operación para reimplantarle el miembro. Pero la esposa se coló en la habitación del hospital y con otras tijeras, volvió a cortar el miembro y lo arrojó por la ventana.

Lo que no explican las agencias, ni los corresponsales, es que en todo matrimonio está latente el deseo de cortarle al otro los higadillos, y sólo nos reprimimos por la duda de que hacer luego con ellos: ¿un fetiche, una fritura o un tapete?.

@marisaarcas